03 mayo, 2010

¿Representar o sustituir?


La ciega obediencia de todos los congresistas a las órdenes de sus jefes políticos, concentrados en los comités centrales, expresan la verdadera esencia de la representatividad en el actual sistema, lo que disminuye a la categoría de disfraz a la llamada democracia que sufrimos.

Esa desviada ‘representatividad democrática’ acompañada por la fórmula del pragmatismo sin bandera, agrava el estado de salud de los partidos y los hace iguales frente a ciudadanos y ciudadanas que crecieron creyendo que la práctica política era esencialmente altruista.

Otras conductas adornan a quienes desde los partidos ejecutan la política como una manera de enriquecerse, fin último para la inmensa mayoría de quienes participan en las rifas electorales internas, las que antes servían para ‘equilibrar’ el juego de corrientes intra-partidistas. Pero hoy, la angurria por el oro y las facilidades que ofrece el poder (especie de celebración quinceañera) provoca guerras por la supremacía y no hay ‘balanceo’ posible.

La vergüenza no asoma entre los jefes políticos, imposibilitados de pensar en cambiar nada ‘si las cosas van bien’; sostenida, esta idea, por un inventario de frases que suenan a Patria, sólo que ésta termina en los linderos del partido y en muchos casos cabe en los bolsillos de los jefecitos políticos, como llamaba Juan Bosch a los funcionarios balagueristas.

Es tanto el esfuerzo publicitario por fundamentar el nuevo camino de la práctica político-partidaria, que a pesar de la falta de creatividad, el esfuerzo de comunicación, la compra de silencio, el coro de cotorras parlanchinas y la pseudo-inteligencia que ha producido la ‘industria de partidos’, es imposible superar las mentiras que sostienen al régimen dictatorial de esas agrupaciones tradicionales.

La resistencia a dejarnos gobernar por la industria de los partidos, la resistencia a aceptar el chantaje de sus reglas de juego y cumplir con la responsabilidad de la denuncia, provocará hechos y conductas ciudadanas que se llevarán de encuentro esta simulada democracia.

Por ejemplo, ir el 16 de mayo a las urnas y marcar el voto con NINGUNO es resistirnos de manera clara a la indecente conducta de pretender sustituir nuestra voluntad con la de personas que van a representar a los jefes políticos de los partidos a los cuales pertenecen.

"N" veces mi voto.

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