El carácter altruista que vistió a los partidos pasó de moda. El nuevo camino que eligieron los novatos líderes fue asemejarse a las grandes y rentables empresas con el fin de administrar las sociedades.
La práctica política de los demócrata-representativos de última generación, ocupantes de viejas estructuras partidarias, ha impregnado a esas fórmulas organizativas con el pragmatismo empresarista y su ‘combo’ de reglas para ‘triunfar en la vida’. De ellas una, la popularmente conocida como angurria.
El carácter altruista que vistió a los partidos pasó de moda. El nuevo camino que eligieron los novatos líderes fue asemejarse a las grandes y rentables empresas con el fin de administrar las sociedades.
Han querido convertir sus organizaciones en agencias competitivas, como las generadoras de energía, que nos cobran con el precio más caro posible; autosostenibles, como la Barrick Gold, aunque mate nuestras aguas y envenene nuestras tierras; y con tanta eficiencia, que sólo un banco exitoso lo logra con su licencia para lavar pesos y dólares. Toda una realidad que se oculta tras el vestido del desarrollo y el progreso que nunca sienten las masas hambrientas de la población.
Ahora estamos en elecciones, núcleo publicitario de la empobrecida democracia que dirige la Junta Central Electoral, entidad sanatorio minado por las leyes que dictan los partidos para curar las enfermedades endémicas del modelito de la falaz representatividad.
Asistimos pues, a la mayor y más descarnada muestra de la angurria, invacunable, mutante, insuperable mal del empresarismo crónico que expresan los nuevos pichones de líderes. Nada más parecido a la imagen que nos presenta aquella inmensa piscina sobrepoblada de peces que acuden bravíos tras las migas de pan que algunos visitantes les dispensan.
Los partidos viejos y todos los nuevos que juegan con las reglas establecidas por la casta dirigencial de esas empresas-partidos, todos esos que acuden bajo las reglas de la Junta Central Electoral, a pesar de la protesta de algunos de sus jueces, están de fiesta.
Viva la angurria, decenas de ‘reservas de candidaturas’, centenares de oposiciones, amparos, apelaciones y de más quejas por las burlas a la honorable militancia partidista no nos dejan mentir sobre el enfermo-partido.
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