¿Usted se imagina cuántos marcaríamos el recuadro de NINGUNO si lo llegan a poner en las boletas de votaciones? Ay los partidos/pero que lindos van/unos van delante/otros van detrás…
Aunque la militancia política no es cuestión exclusiva de los partidos, a pesar de que podemos tener posturas frente a cualquier medida política así estuviese fuera del marco de las agrupaciones cuyo papel originario fue ‘anotar’ personas que tuvieran ideas similares para administrar la sociedad, el marco legal en que vivimos no funciona para ciudadanos y ciudadanas, a la hora de plantear sus iniciativas políticas.
Los grupos se apoderaron de los partidos y estos impusieron sus ideas, lo que transformó el quehacer de las entidades. Aquellos trajeron posturas sobre lo económico, lo político, lo cultural, lo adminisrativo, etc.; tomaron los partidos y organizaron una sociedad suscrita a su dominio: lo que en principio fue jugar un rol de intermediarios de la ciudadanía para la cosa administrativa, se convirtió en la única razón de ser de cualquier partido: ser gobierno y ‘mandar’.
Sencillo el cuento, pero complejo el resultado. Así llegamos a la madurez social como una república protagonizada y dirigida bajo la batuta de los partidos. Es lo que muchos críticos sociales llaman la partidocracia, por querer decir el gobierno de los partidos.
Pero la cosa sigue: con voraz apetito, los partidos se asignan más roles en la sociedad, deciden todas las instancias, nos proponen candidatos a mandatarios, legitiman tiranos, perdonan ladrones; nombran jueces; cobran, pagan y concilian las cuentas de todos; deciden que mujeres y yeguas son iguales a la hora de parir; destruyen el ambiente; ajustan el peso de la balanza a la justicia y descubren el rostro de esa mujer cuando quieren; en fin, un interminable inventario de diligencias que hoy recaen sobre los partidos.
Falta algo más, la modernidad en los partidos llegó y en su dinámica de sustituir y no representar, otorgó responsabilidades casi totales de todos sus movimientos a los comités centrales y políticos, a las direcciones nacionales, las que en nombre del pragmatismo sustituyeron la voluntad de su militancia por operaciones estadísticas.
Lo peor, con la vileza que les caracteriza, con la prepotencia que les ciega, los partidos y su tal deformada vocación de sustituir la ciudadanía originaria, cierran el paso a cualquier iniciativa que cuestione sus estructuradas leyes de auto-protección, huyen de todo lo que produzca el más mínimo miedo a las columnas de su perversidad de dominación.
¿Usted se imagina cuántos marcaríamos el recuadro de NINGUNO si lo llegan a poner en las boletas de votaciones? Ay los partidos/pero que lindos van/unos van delante/otros van detrás… (solo de guitarra).
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